Pedro, va caminando por la acera, no se da cuenta que pasa con luz roja….-!sale anciano, molestas!-, escucha que le gritan. Son jóvenes que van pasando en un auto, recién comenzaron a manejar…Pedro los mira, se queda en silencio, siente como su mundo se ha reducido tanto, se acuerda cuando también le grito a un viejo. Ha transcurrido mucho de ese tiempo, ya son 73 años, que tengo, piensa… toda una vida.
Se sienta en una plaza, en la que iba a jugar cuando niño y recuerda:
…mamá cómprame un chocolate, pucha el Oscar me esta molestando de nuevo…me compraron el trompo que quería y además las bolitas…
No sabe que pensar, le da tanta tristeza acordarse de aquellos tiempos, luego sigue recordando, años más tarde, cuando conoció a Matilde la esposa enamorada de toda la vida, fueron 35 años de matrimonio…cinco hijos, pensó. Las familias tenían que ser numerosas, grandes y en orden. Siempre lo que decía el padre, ¡eso!, bien lustrados los zapatos, bien limpia la camisa, sin que se corra ningún pelo, jajajajja… como el viejo nos trataba, Don Pedro Farías León, su gran padre. Un ídolo, mi viejo si que sabía poner las cosas en orden. En cambio hoy, las cosas son tan distintas, ya no importa si el pelo se mueve, o si el pantalón no combina con la corbata, todo es desechable….
¿Quién es este Pedro de 73 años?
Pedro Joaquín Farías Solar
Jubilado de una empresa estatal, hace 13 años
Viudo de Matilde Andrade Vivanco (Q.E.P.D)
Padre de cinco hijos, Pedro, Eduardo, Carlos, Matilde y Carmen
Abuelo de 15 nietos
Diagnostico: Soledad y depresión
Pedro, vive solo en su casa, la que compró con su esposa, con tanto esfuerzo, en Recoleta, porque el barrio tenía historia y el quería esa historia. Lo asiste una enfermera.
De niño siempre fue el despierto, el habiloso, el que primero aprendió a leer. En el curso le decían el loco, ya que siempre estaba en todas. Si había que decir una poesía, el iba y la recitaba, fuerte, para que todos escucharan que él se la había aprendido, así es que más encima, le ponía mucha pachorra, para que se notara que él podía. Si había que jugar a la pelota, él era el arquero, a él no le hacían goles, y si había ayudar a la profesora, el loco siempre estaba.
Luego, de adolescente, se “emperifollaba” y salía al malón del sábado. Había permiso, hasta las 22:00 hrs, así es que se podía trasnochar, y además se podía tomar un traguito del fuerte, de ese que le hacía poner colorado. Salía con los amigos, Luis, Santiago y Ernesto, los parranderos les decían, siempre haciendo de las suyas, molestando a los mayores en la calle, y echándose a reír de sus dificultades. Nunca seremos viejos, somos los parranderos, los invencibles, le gritaban a todos.
Pero, ya se estaba haciendo mayorcito, ya iba cumplir 16 años, era la mayoría de edad casi, así es que don Pedro Farías, le decía:
Pedro, ayúdame en la fábrica ya es hora de trabajar, eres un adulto y tienes que ser responsable. El loco se creía la muerte, soy un adulto pensaba, ahora uso pantalón de tela, chaqueta y corbata los domingos para la misa. No puedo fallar, soy un adulto.
En un día de esos, conoce a Matilde, la amiga de Carmencita, la menor de sus hermanas. Quedo petrificado, cuando la vio, con sus ojitos verdes, su carita redonda y su pelo tomado, era una reina, pensaba. El loco, se había enamorado, se quería casar, lo hizo y luego de dos años, de noviazgo, se casaron. Fueron muy felices, días buenos y días no tan buenos, pero juntos. Cinco hijos nacieron, lo importante el primero varón, su Pedrito,….. Hace tanto que no lo ve….Pedrito trabaja mucho, no tiene tiempo. Mmhhmmm
Su Matildita, se fue, se la llevo el cáncer, no pudo…como la echo de menos…ya son 2 años. Era su compañera, su reina, la que lo retaba cuando se juntaba con los parranderos, iba al “Picaresque”, a bailar, a reírse, a disfrutar de la vida. Había días que se disfrutaba más de la cuenta, pero llegaba a la casa y se sentía como un rey. Matildita y los niños, no hacían ruido, el papá está durmiendo, llegó cansado del trabajo. Toda la semana trabajando, es merecido un descanso.
De los parranderos, queda solo él, la enfermedad y los años se los llevaron. Los enterró a todos, ninguno queda, todos se fueron.
Pedro, piensa, para que sigo, si estoy tan solo, mi casita la habita la enfermera, mi soledad y yo. Este viejo, con huesos cansados, de mala memoria, con muchos achaques, para que soy útil, se pregunta, si solo doy problemas.
- Alo!, alo!
- Señorita Andrea, habrá la puerta por favor, hay alguien llamando.
- Hola, soy asistente social, ¿está don Pedro?
- ¿Para que lo busca?, responde la enfermera
- Necesito conversar con él, su hijo Eduardo me mandó a llamar, para que hable con él
- Pase, Don Pedro, está en el comedor
- Gracias. Don Pedro, soy Andrea Figueroa, quisiera poder conversar con usted,
- Bueno, dígame, para que la envió Eduardo,
- El quiere, que usted, se vaya a vivir con nosotros, yo soy funcionara de un hogar de adultos mayores, y quisiera saber si usted quiere ir,
Don Pedro, se puso muy triste, lo iban a sacar de su hogar, de sus recuerdos... de lo único que lo mantenía vivo.
- No quiero, respondió, quiero quedarme en mi casa, nadie me mueve de aquí.
- Pero, Don Pedro, solo debe visitar el lugar, y si le gusta se queda, ¿está bien?
- Mmmhhh, bueno, pero solo iré, para conocer, nada más, yo no soy un viejo inútil, dijo, cerrando la conversación.
Sentado en el comedor del hogar de ancianos, que ya llevaba viviendo 6 meses, y jugando cartas, con otros parranderos. No se sintió solo, había vuelto a ser el loco, el de siempre.
Muchos ancianos, son abandonados a su suerte, tanto por la familia, como por el entorno en que se desenvuelven, los mayores son niños nuevamente, ojalá todos pudiéramos cambiar la historia y que de verdad, el hogar de ancianos o la casa de los familiares a los cuales son llevados, sea un inicio para tantos adultos mayores y no un triste final.
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1 comentario:
Chicos:
Hicieron un muy buen trabajo... los felicito... me encantaron las historias que escribieron.. .tenemos unos cuantos talentos literarios en el curso...
Nos vemos!!!
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